Con 2,125 obras de arte a cargo de 1,200 artistas, fue la mayor exposición de arte jamás organizada en Norteamérica: más de tres kilómetros de arte.
A pesar de que corrió el rumor de que Duchamp iba a mandar un lieno cubista titulado Tulip Hysteria Coordinating, ninguna obra con ese título llegó a figurar jamás ni en la exposición, ni en su catálogo. En realidad, Duchamp no aparece como participante de los Independientes de 1917, y sin embargo, fue responsable de la pieza más escandalosa de la muestra: una obra que nunca llegó a los ojos del público.
Walter Arensberg, Joseph Stella y Marcel Duchamp habían ido a comprar el artículo en cuestión aproximadamente una semana antes de la inauguración de la exposición, tras una animada conversación de sobremesa. Así pues, se encaminaron juntos hacia el local de exposición que J. L. Mott Iron Works, un fabricante de sanitarios, tenía en el 118 de la Quinta Avenida, y Duchamp eligió y adquirió un urinario de porcelana, modelo Bedforshire, de fondo plano. Marcel se lo llevó a su estudio, lo colocó bocabajo y pintó con grandes letras negras el nombre de R. MUTT, su dirección ficticia de Filadelfia y el título de la obra Fountain (Fuente) .
El episodio del rechazo de Fuente y del consiguiente alboroto que causó han pasado a formar parte de la historia del arte fundamentalmente gracias al testimonio de Beatrice Wood. De acuerdo con su versión, un buen día entró en uno de los almacenes de la exposición y se encontró con Walter Arensberg y George Bellows enzarzados en una discusión subida de tono, con aquel "objeto blanco reluciente" colocado en el suelo entre los dos.
- No podemos exponerlo - insistía Bellows acalorado, al tiempo que sacaba un pañuelo y se secaba la frente.
- Tampoco podemos rechazarlo. Ha pagado la cuota de admisión - repuso Walter, sin perder los estribos.
- ¡Es una indecencia! - exclamó Bellows a gritos.
- Eso depende del punto de vista - puntualizó Walter, reprimiendo una sonrisa.
- Lo deben de haber mandado para gastarnos una broma. Lo firma un tal R. Mutt y me huele a chamusquina - refunfuñó Bellows contrariado.
Walter se acercó al objeto en cuestión y acarició su superficie reluciente.
- Revela una forma hermosa, liberada de su utilidad funcional - aclaró Walter, con la dignidad del catedrático que habla ante los miembros de Harvard-, por consiguiente, esta persona ha realizado una clara contribución estética.
... Bellows retrocedió unos pasos y avanzó de nuevo enfurecido, como si quisiera llevárselo por delante.
- No podemos exponerlo y se acabó.
- Pero si de eso se trata precisamente esta exposición - le explicó Walter, cogiéndole amablemente del brazo. Es una oportunidad que permite al artista enviar lo que se le antoje, que sea el artista y nadie más quien decida qué es arte.
- ¿Estás insinuando - replicó Bellows, desasiendo el brazo - que si alguien nos mandara boñigas de caballo pegadas a un lienzo tendríamos que aceptarlo?
- Me temo que sí - asintió Walter, con el tono triste del sepulturero.
El asunto no quedó resuelto hasta aproximadamente una hora antes de la inauguración restringida del 9 de abril, cuando, tras la reunión de diez miembros de la junta directiva de la sociedad, "los defensores de Mr. Mutt perdieron por un estrecho margen de votos", según un artículo del NewYork Herald. En sus declaraciones a la prensa, William Glackens, presidente de la junta, hizo público el inveterado clamor de la retaguardia artística ante los ataques. Aquel objeto, dijo, "no era, por definición, una obra de arte". A modo de protesta, Duchamp y Arensberg dimitieron de inmediato de la junta.
Lo que ocurrió en realidad con la Fuente, que desaparecería para siempre poco después de la inauguración de la exposición, es algo que habría que desentrañar entre el amasijo de explicaciones erróneas aparecidas en la prensa y de declaraciones contradictorias de varios participantes, incluido Duchamp. ¿Es cierto que Walter Arensberg fue a recuperar el urinario, que había ocultado detrás de un tabique, y montó un gran espectáculo al comprarlo y salir triunfante del Grand Central Palace con la pieza en cuestión a cuestas, tal como aseguró Duchamp en una ocasión? Dado que la Fuente no llegó nunca a figurar como parte de la colección Arensberg, y teniendo en cuenta que nadie lo vio jamás en su apartamento, cabe tachar la explicación de apócrifa con casi total seguridad. ¿Acaso fue Glackens quien "solucionó" el problema, levantando a pulso el "orinal" por encima de su cabeza, para luego soltarlo y dejar que se estrellara contra el selo de la sala, según ha escrito su hijo, Ira Glackens?
Sabemos que el episodio no ocurrió así, puesto que el urinario apareció una semana más tarde en la galería 291 de Alfred Stieglitz. Duchamp se encargó de llevarlo allí personalmente y Beatrice Wood nos aclara el porqué. "A petición de Marcel, [Stieglitz] accedió a fotografiar la Fuente... La idea le divertía muchísimo y, además, consideraba que era importante luchar contra la intolerancia en Norteamérica.
Duchamp adujo que el trance por el que había hecho pasar a la sociedad de "sin jurado" habría sido más embarazoso si la gente hubiera llegado a sospechar que el desafío procedía de uno de sus directores. Explicó que el nombre de "R. Mutt" era una variación sobre Mott, con ecos de la tira humorística de "Mutt and Jeff", y que la "R." atendía a Richard, que en el argot francés significaba "monedero". La implicación de Duchamp en el asunto permaneció en secreto durante varios meses.
Es obvio que Duchamp, Arensberg y Stella maquinaron todo aquello como una provocación deliberada. Debían de haberse imaginado, ya que algo como un urinario, que ni siquiera podía mencionarse en un periódico familiar, iba a resultar inaceptable ante los ojos de los directores de la sociedad. Pero ¿por qué iban a querer molestar y poner en un aprieto a un grupo de artistas que ellos mismos habían ayudado a crear? Quizás consideraban que la facción Bellows-Glackens se tomaba demasiado en serio.
(The Blind Man, editorial)
EL CASO RICHARD MUTT
Dicen que cualquier artista que pague seis dólares puede exponer.
El señor Richard Mutt envió una fuente. Sin mediar discusión, este artículo desapareció y nunca llegó a exponerse.
He aquí los motivos para el rechazo de la fuente del señor Mutt:
- Unos adujeron que era inmoral, vulgar.
- Otros que era un plagio, una mera pieza de fontanería.
El hecho de que el señor Mutt realizara o no la fuente con sus propias manos carece de importancia. La ELIGIÓ. Cogió un artículo de la vida cotidiana y lo presentó de tal modo que su significado utilitario desapareció bajo un título y un punto de vista nuevos. Creó un pensamiento nuevo para ese objeto.
En cuanto a lo de la fontanería, es absurdo. Las únicas obras de arte que Norteamérica ha producido son la fontanería y los puentes.
La Caja de 1914 de Duchamp contiene una críptica nota que dice: "No se tiene más que por hembra el urinario público y de eso vivimos. El urinario, un objeto con atributos femeninos que sirve de receptáculo a los fluidos masculinos, se convierte así (y de una manera más provocativa que el Retrato de la Princesa Bonaparte de Brancusi) en símbolo de la comedia sexual que subyace en toda la obra de madurez de Duchamp."
[...] Así pues, la Fuente original no volvió a aparecer jamás y parece probable que corrió la misma suerte que la primera Rueda de Bicicleta o que el Porte-bouteilles (Portabotellas): ir a parar a la basura.




